
Conocimos a Fuego Lento el día después de nuestra llegada. Como conductor oficial del pueblo de Ayn Chouater y, ya de paso, un poco chico para todo, fue el encargado de venir a recogernos a Bouarfa.
Habíamos llegado el día anterior a Oujda pero debido a que nuestro destino estaba bastante más alejado de lo que habíamos entendido tuvimos que dormir allí. El friki del messenger y un amigo topógrafo, que estaba allí, más que nada, porque tenía coche, vinieron a recibirnos al aeropuerto, como no, con unos minutos de retraso para que fuésemos acostumbrándonos a los que teníamos por delante.
Después de cenar nos dejaron en un más que correcto hotel pues nos esperaba un viaje de unas siete horas hasta Bouarfa en compañía del friki del messenger e íbamos a salir muy temprano.
El viaje no tuvo más historia que una interminable hammada de piedra, arena y matorrales. Nosotros intentábamos recuperar algo de sueño perdido y el friki tenía una animada conversación con una joven que no dejaba de sonreirle. Ahí todavía no lo sabíamos, pero resultó que nuestro Cicerone era todo un maestro de la seducción.
Después de la paliza, por fin, paramos en Bouarfa, una ciudad que es poco más que un cruce de carretera en mitad de la nada que, según parece, es la capital administrativa de la zona. Allí, casi sin haber bajado del autobús, vimos a Fuego Lento por primera vez, siempre atento a todos los detalles y dispuesto a echar una mano, como cuando trató de cargar con la maleta de mi compañera y ésta pensó que se la estaba robando . Vestía la camiseta de su equipo favorito de fútbol marroquí, uno de Casablanca, creo recordar.
Después de dos aviones, unas ocho horas entre aeropuerto y aeropuerto y las siete horas de autobús, no queríamos otra cosa en el mundo más que llegar de una vez a Ayn Chouater.
Vino a recogernos en el coche personal del presidente de nuestra asociación de acogida, el rey Escorpión. Era un Mercedes negros de esos antiguos, muy cuadrado, sin duda un coche que transmitía virilidad, siento no poder decir que clase ya que el mantelito de bordado del salpicadero y algunos adornos florales de plástico le quitaban todo el porte señorial, parecía más bien el vehículo de un macarra.
El friki del messenger nos abandonó pasados cinco minutos y medio zumo de naranja en la terraza de un café. Tenía que ayudar a sus padres a solucionar unos asuntos de papeles para arreglar todos los detalles de la próxima boda de su hermana. En ese momento comenzó nuestra relación con Fuego Lento, mientras dábamos vueltas en coche de las desiertas calles de Bouarfa y, poco después, disfrutando de una copiosa comida a base de pollo y casquería acompañados de patatas fritas y salsa de tomate.
Lo cierto es que gran parte de las veces que hemos estado con él ha sido en un coche o, por lo menos, cerca de alguno pues su trabajo, además de conducir, también es el mantenimiento del coche del Qaid, así, todas las mañanas lo veíamos disfrutar dándole su baño diario a aquel 4X4.
A pesar de sus obvias limitaciones era un tipo que, con el paso de los día, fue revelándose como un hombre fiel a sus pasiones. Como habréis podido intuir, su trabajo era una de ellas, por lo general no era capaz de decir que no cuando se trataba de llevar a alguien a algún sitio, hasta proponía ideas que implicasen tener que conducir. Como la tarde que nos llevó de merienda a Bouanane y volvimos con el estómago rebosante de churros revenidos, refrescos y, claro está, té. Peor parada salió mi compañera que además del refrigerio tuvo que volver con un colgante dorado, casi amarillo, en forma de caja para guardar fotos carnet y con una imagen de la Meca, una auténtica maravilla de la orfebrería.
Otra de sus pasiones eran los animales salvajes. Jamás se conectaba a internet, muy pocas veces, por ello tardamos dos meses en darnos cuenta de qué significaba para él. Para la mayoría de los hombres marroquíes jóvenes significa chats para ligar, video clips de música o pornografía de tamaño reducido para poder llevar en el teléfono y enseñar a los amigos mientras beben un buen y té y comen cacahuetes. Fuego Lento era diferente, internet para él significaba vídeos de animales salvajes, a la carta, sin tener que ver media hora de metraje sobre una aburrida cebra para que llegue un león y se la zampe en unos pocos segundos. Su problema era que no conocía la dirección de youtube o cualquier otra página donde buscar, además de que, por supuesto, el idioma era otro problema. Por esto, a pesar de que él no balbuceaba más que unas cuantas palabras en francés y Juana algo similar en árabe, la abordó señalando con el dedo la pantalla y repitiendo una y otra vez ¡animaux sauvage! ¡animaux sauvage!. Ella sin entender muy bien a que se refería interpretó bien los gestos e hizo lo que le pedía. La escena debía ser como para grabarla en vídeo. Mi compañera trabajando en su portátil y Fuego Lento totalmente hipnotizado ante el monitor, incluso cuando la página se ponía de color negro para cargar otra.
Yo tuve una experiencia similar con él pero, ya que yo podía comunicarme mínimamente, pude saber que su animal salvaje favorito era el tigre y le busqué un vídeo en el que un gran felino se peleaba con un mono por un trozo de comida que, sin duda, disfrutó muchísimo porque no paraba de reírse.
Conociendo esta afición, entendimos mucho mejor el asunto aquel del lagarto y por qué, cuando íbamos de camino de Bouarfa a Ayn Chouater, se alteraba y nos despertaba cada vez que algún bicho de gran tamaño cruzaba la carretera y, durante las casi tres horas de camino, creedme cuando digo que nos cruzamos unos cuantos.
Justo antes de llegar a nuestro destino, sólo a veinticinco kilómetros de Ayn Chouater, se empeñó en parar en Bouanane, un pueblo del que ya tendré ocasión de hablar con más calma en otra ocasión. Allí, además de beber refrescos gaseosos y más té, conocimos a su tercera pasión, Nawal.
Nawal era una chica de unos veinte años que estudiaba en una especie de escuela de corte y confección y que era su novia. Vestía ropa tradicional además del obligatorio velo y solía llevar la cara untada con algo que debía ser crema solar pues, mientras los occidentales nos dejamos el sueldo en soláriums y la salud cutánea bajo el abrasador sol de nuestras playas para poder lucir bronceado, aquí la gente, sobre todo las mujeres, tratan de blanquearse la piel por todos los medios, aunque a decir verdad, no les quedaba demasiado bien pues basta darse una vuelta por cualquier zoco para ver a varios clones del finado Michael Jackson.
Fuego Lento nos la presentó en la tienda de un amigo mientras tomábamos algo. No era una persona muy habladora, realmente pocas mujeres del rural marroquí lo son en presencia de hombres, pero nos extrañó que apenas se inmutase cuando le dio el ramo de flores amarillas que había recogido por el camino. Aquellos detalles románticos, además de las innumerables tiernas miradas que le regalaba, nos parecieron más propios del cortejo que de auténtico interés, eran como dos adolescentes de quince años sentados en el banco de un parque.
Estábamos equivocados. Algo así como un mes después comprobamos lo firme que era la determinación de Fuego Lento respecto a sus intenciones con Nawal. Aziz, nuestro protector y su hermano pequeño, nos comentó que sus padres tenían planeado ir a Boudnib a acordar un matrimonio para su hijo mayor pues, con treinta y cinco años ya cumplidos y un trabajo estable, era el momento de formar una familia. Cuando llegó el momento la cosa no funcionó, Fuego Lento se enfrentó a la autoridad del patriarca, su padre, un señor muy cachondo con turbante blanco que se pasaba el día acostado en el patio de casa escuchando la radio y que no paraba de reírse. A pesar de eso, aquí la autoridad de un padre no se discute y nos impresionó que consiguiese no doblegarse ante él, a pesar de que a nadie de la familia le gustase Nawal como futura esposa de su hijo.
Admirable, nuestra opinión de él cambió bastante desde que tuvimos noticia de ello pero, hubiese cambiado más si hubiese apoyado a su hermana Noura, su hermana menor de dieciocho años, cuando sus padres aceptaron comprometerla,a petición de su abuela, con un primo de Oujda a pesar de lo que la niña realmente quería era seguir estudiando tras aprobar con buena nota su examen de bachillerato. Triste, desde luego, pero otra prueba más de lo diferente que es ser hombre o mujer en un país como éste.

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